sábado, 17 de octubre de 2020

Quererte.net

No sabía bien qué es lo que me iba a encontrar en este libro, pero lo que he encontrado en él me parece precioso. A veces necesitamos libros suaves y confortables que nos dejen una buena sensación en el cuerpo, y este es uno de ellos.

Quererte.net es una de aquellas novelas que salieron durante esos caóticos meses del 2020, y que a muchos, como yo, nos ayudaron a mantener la cabeza ocupada y distraída. En concreto, con historias que te dejan el corazón calentito.

De la pluma de Cristina Prieto Solano (Nana Literaria) y la preciosa edición de Ediciones Freya, Quererte.net (2020) tiene 232 páginas y una ilustración de cubierta de Katia Meraki. Freya aún está creciendo, así que, si os interesa, podéis conseguir este y otros libros a través de su página web o en algunas librerías que encontraréis en ese pequeño rincón de internet. Si preferís leer en lectores electrónicos, también tienen todos sus libros en digital.

Esta es la sinopsis:

«En un Madrid futuro en el que todo se guía por las valoraciones externas y el perfeccionismo, Camilla ve en el curso de Quererte.net la solución ideal a todos sus problemas: prometen hacer que se enamore de sí misma. Cuando por fin consigue el dinero para comprar el curso, no sabe qué pensar: ¿la han timado? ¿Y quién es ese misterioso usuario que le aparece en el chat?

Por si fuera poco, le toca compartir equipo en un concurso literario con la chica de la que está secretamente enamorada, un evento familiar pone su vida patas arriba y la relación con sus padres pasa por un gran bache después de años de silencio.

Quererte.net es una página avalada por especialistas y miles de reseñas positivas. Con nuestro curso intensivo te garantizamos que tu autoestima crecerá y acabarás amando cada detalle de ti.

Visítanos. Regístrate. Cambia tu vida».


La novela, narrada en tercera persona, nos cuenta la historia de Camilla, una joven que está cansada de que la comparen (o más bien compararse) con su exitosa prima Emilia, cantante de fama internacional. Además, por si fuera poco, vive en un mundo en el que todo se guía a través de las valoraciones externas en la red y se premia la creatividad. Y Camilla no es nada creativa. Y con toda esta presión sobre ella, o más bien la propia presión que se impone ella misma, su autoestima está muy afectada, así que cuando se cruza en internet con el anuncio de Quererte.net, donde le prometen que su problema mejorará, ve en él una salida. Y quizá así se atreva a acercarse a Anna, la chica a la que observa desde la distancia y que, de repente, se ha metido en su día a día al apuntarse con ella y sus amigos a una gymkana literaria. Pero cuando recibe el curso, parece que hay algún error y se siente estafada.

A lo largo del libro, vamos a ir viendo cómo se van a entremezclar este problema que hay con el curso, la gymkana literaria y las historias familiares en torno a la protagonista. Y, sobre todo, vamos a acompañar a Camilla en un viaje importantísimo: el del autoconocimiento y la autoaceptación. Y todo ello con una prosa ágil y divertida que más que leer, se devora.


Y hasta aquí puedo leer. Si queréis una lectura confortable y adorable, que os haga reflexionar y pensar «Me está hablando a mí, yo también me hago esto», esta es vuestra próxima lectura. Y también vuestra autora. Estad atentos a ella, porque va a llegar lejos.

sábado, 3 de octubre de 2020

Dieciséis Lunas

Empecé esta saga hace muchísimos años, pero por razones que tienen que ver con libros descatalogados y fondos de bibliotecas, no he podido hacerme con esta historia hasta hace relativamente poco.

Se conoce como la saga de las Dieciséis Lunas (o Las Crónicas Caster) a la tetralogía que Kami García y Margaret Stohl publicaron entre 2008 y 2012. La saga, traída a España por Espasa Calpe y traducida al español por José Miguel Pallarés y María Jesús Sánchez (primer tomo), Amado Diéguez (segundo tomo) y Paz Pruneda Gozálvez (tercer y cuarto tomo); está compuesta por los títulos Hermosas criaturas, Hermosa oscuridad, Hermoso caos y Hermoso final, originalmente Beautiful Creatures, Beautiful Darkness, Beautiful Chaos y Beautiful Redemption ('Hermosa redención').

La sinopsis del primer tomo es la siguiente:
«"Bienvenidos a Gatlin. Un pueblo en mitad de ninguna parte donde nunca ocurre nada. Al menos, eso pensaba yo. No podía estar más equivocado.
Había una maldición.
Había una chica.
Y, al final, una tumba".

El joven Ethan Wate cuenta el tiempo que le queda para poder escapar de su aburrido pueblo.
Sin embargo, todo cambia cuando una nueva estudiante llega a su instituto: Lena Duchannes, literalmente, la chica de sus sueños... y de sus pesadillas.
Ella también cuenta los días que le quedan, aunque sabe que no tiene escapatoria».

Son 1640 páginas (459+401+417+363) que, a veces, se hacen pesadas, pero el mundo creado por Kami García y Margaret Stohl es interesante. Y por eso te quedas. Porque, aunque los personajes acaben sacándote de tus casillas, te intriga el Orden de las Cosas.
La mayor parte de la historia está contada en primera persona por Ethan, un adolescente con una vida tremendamente aburrida hasta que empieza a tener pesadillas en las que pierde a la chica de la que está enamorado. Y poco tiempo después de que estas pesadillas comiencen se da cuenta de que la chica que las protagoniza es real: se llama Lena Duchannes y acaba de llegar a su instituto. Y obviamente, toda esta trama se complica al descubrir que Lena tiene poderes mágicos y que pertenece a una especie mágica denominada Caster.

Realmente es este mundo Caster lo que me ha mantenido en la historia. Eso y mi cabezonería. La ambientación es interesante, así como el planteamiento de la magia y todo lo que se relaciona con lo que se conoce en los libros como el Orden de las Cosas. El problema son los personajes: Ethan y Lena desarrollan una relación tóxica y dependiente, y, aunque Ethan tampoco me entusiasme, el personaje de Lena es exasperante, infantil, tremendista e insoportable. Y todo esto se hace muy cuesta arriba a la hora de leer la historia.

En conclusión, son unos libros que prometían bastante y me han dejado indiferente. Como he dicho, quería saber cómo terminaba la historia más por cabezonería que porque realmente me importase, y al final ha sido más un alivio cómico que una obra interesante. Os la recomiendo si, como yo, os divierte el género que he decidido llamar "paranormal cutre"; si buscáis otra cosa, es mejor que paséis de largo.

sábado, 27 de junio de 2020

Divagando un poco sobre la distopía

Las discusiones literarias son recurrentes en algunos círculos últimamente. Siempre hay alguien haciéndose preguntas, iniciando un debate, planteándose mil y una cuestiones y dándose cuenta de que quizá haya algo que no le cuadre. Una de estas discusiones habituales es el tema de las distopías.

Y como este es mi blog y me gusta divagar, voy a dar mi opinión sobre esto, porque casualmente es uno de mis temas favoritos.


Antes de nada, esto es un artículo de opinión sobre un género literario y es muy posible que contenga spoilers de muchas distopías: Los Juegos del Hambre, El corredor del laberinto, Juntos, Delirium, Mentes poderosas, El Ocaso del Mundo, StartersLa ciudad transparente...


Un género literario es una categoría en que la se pueden clasificar y englobar obras parecidas. Centrándonos en la narrativa (atendiendo al argumento y a la historia) y pasando de lo que se consideran los "géneros mayores", el mundo literario parece haberse querido dividir en dos grupos: literatura realista y la autodenominada literatura de género. En realidad, dentro de la literatura de género parece que hemos metido todo lo que no es literatura realista, porque desde El Quijote, todo lo que no pertenece al realismo es algo extraño a la literatura española y necesita un espacio aparte. Algún día quizá os cuente por qué todo esto me hace mucha gracia y por qué alguna vez me escucharéis decir "¡El Quijote fue un chiste!".
Así, dentro de la literatura de género podemos encontrar la fantasía, la ciencia ficción y el terror. Y dentro de uno de estos preciosos grupos, el de ciencia ficción, teóricamente está la distopía. Porque el mundo de los géneros literarios está firmemente dividido en grupos y subgrupos, como si de habitaciones completamente herméticas se tratara, ignorando dos cuestiones importantísimas en el Arte: la evolución y el hibridismo.

Seguramente os han dicho alguna vez, estudiando Historia de la Literatura, que cuando se considera que en una época predominaba un movimiento literario, no significa que no se trabajase de otra forma. Y si no os lo han dicho nunca, os lo digo yo: en los siglos XVII y XVIII no sólo se escribía sobre la fugacidad de la vida, hubo mucha comicidad y humor durante el Barroco; y no todo el mundo que vivió y escribió durante el Romanticismo se quería morir. Esto es un chiste, por favor, no os lo toméis en serio.
Con los géneros narrativos sucede algo parecido: nos hemos empeñado en fijar como única posibilidad una cuestión más bien editorial y de estudio: las editoriales y los estudiosos catalogan las novelas en géneros porque de esta forma es mucho más sencillo encontrar lectores y estudiar las obras. Y nosotros nos hemos empeñado en seguir estas instrucciones como si fuéramos mulas con orejeras.
Porque igual que los movimientos culturales y literarios, los géneros no son más que esquemas que tratan de simplificar la realidad, no la realidad en sí misma. Nos hemos empeñado en estudiar los árboles tan de cerca, que nos hemos olvidado de observar el bosque en su conjunto.

Probablemente la obsesión por catalogar la distopía dentro de la literatura de ciencia ficción se deba a su consideración como literatura apocalíptica o postapocalíptica y al habitual diálogo sobre las tres distopías más famosas: 1984, Un mundo feliz y Farenheit 451. No quiero quitarle importancia a estas obras, fueron clave para el desarrollo de la literatura distópica y la literatura en general, pero ¿no creéis que va siendo hora de darle una revisión a todo esto? Esta gente lleva muerta más de medio siglo y la literatura ha evolucionado mucho en las últimas décadas.

Voy a intentar dejar de irme por las ramas y centrarme en lo importante: todo evoluciona, la literatura y los géneros literarios también, y una de las razones por las que esto sucede es porque la lengua también evoluciona. Las palabras cambian sus significados, por mucho que la RAE se empeñe en fijarlos, porque la mente humana evoluciona junto con su contexto cultural (lo que se considera connotaciones). La ciencia ficción, su concepto, puede que estuviera muy clara entonces, pero creo que hace años que muchas personas asociamos ese género literario a robots y al espacio, que hace tiempo que se quedó más con el campo de la ciencia tecnológica y se alejó de la sociología. Y el término de distopía coge la sociología y crece y se convierte en algo más que en un subgénero de la ciencia ficción.
La otra cuestión importante para explicaros por qué estoy diciendo todo esto es el hibridismo de géneros. Básicamente porque las historias que pertenecen a géneros puros son muy escasas. Un ejemplo muy claro es el caso del terror: puede tomar muchas formas, desde terror realista hasta una historia de terror con elementos fantásticos. No es un género puro porque no puede serlo, es un esquema en el que se puede introducir una historia.

Volviendo a la distopía, entendiendo por qué la considero un género ya ajeno a la ciencia ficción, es un esquema en el que podemos introducir muchas historias muy variadas. A mí me gusta decir que la distopía es coger un mundo, destrozarlo, imponer un régimen sociológico enfermizo y observar cómo se desarrolla un personaje en ese caldo de cultivo. Al menos en el tema que yo entiendo: la literatura juvenil; porque esto es un artículo de opinión en mi blog, también llamado "yo divagando sobre cosas".
Aunque a veces no se llegue a desarrollar en la novela el contexto sociopolítico, en juvenil, el género de la distopía es un esquema que implica habitualmente un futuro, normalmente más cercano que lejano, y un elemento catalizador que provoque la destrucción del mundo. Este catalizador puede ser de muchos tipos, pero normalmente provoca un cambio sociológico importante:
  • El catalizador más habitual es una guerra, por las causas que sean. Es el caso de Los Juegos del Hambre, en la que, aunque no nos explican qué sucede antes de que Panem exista, sí que se insinúa que hubo una guerra que acabó con un porcentaje alarmante de la población. En El Ocaso del Mundo, aunque no sea habitual encontrar distopías hibridadas con fantasía, el catalizador también es una guerra.
  • También puede haber un virus que acabe el mundo conocido. El corredor del laberinto es la distopía que se me ocurre como ejemplo: un virus ha provocado que una gran cantidad de gente enloquezca y muera (el Destello), y todo lo que sucede en las novelas está enfocado a encontrar una cura, aunque sea con métodos muy poco ortodoxos y una moralidad tremendamente dudosa.
  • El catalizador también puede deberse a un cambio de mentalidad en los seres humanos. Por ejemplo, en Delirium, el ser humano empieza a considerar que el amor es una enfermedad con la que hay que acabar: una operación en el cerebro puede anular ese sentimiento. Sobre el amor también habla Juntos, en el que aunque no se pueda erradicar ese sentimiento, es una lacra, y el emparejamiento debe producirse por genética y estabilidad social. Hay muchas historias en las que este cambio social consiste en una imposición de la belleza y la imagen sobre todo lo demás, como en Odio el Rosa o Starters (en este caso también hubo una guerra). Un caso muy curioso es el de La ciudad transparente, en la que este cambio de mentalidad se produce respecto a las redes sociales y la privacidad.
  • Un cambio en la vida tal y como se conoce. De repente, algo sucede que provoca que todo cambie: un apagón o una sequía (este último caso es el de Sed), o algo más cercano a la fantasía científica como en Mentes poderosas: un agente externo que provoca una mutación en parte de la población, despertando el terror y haciendo que la sociedad haga algo horrible que en otras circunstancias no haría: encerrar y maltratar (y matar) a los niños en campos de concentración.
Esto ha quedado ya un poco largo, pero espero que haya resultado interesante. Quizá haya gente a la que le guste leer o escuchar mis divagaciones y el yo quejándome sobre cosas. Habrá gente a la que no, claro.
Repito que esto es un artículo de opinión, con mis conocimientos sobre lengua, literatura y géneros, argumentando mis palabras y enfocado principalmente a mi campo de estudio: la literatura juvenil.

Si discrepas, estaré encantada de discutir sobre este tema contigo, siempre que lo hagas de forma civilizada y respetuosa. ¡Gracias!

sábado, 30 de mayo de 2020

Luna 174

Aún no sé qué siento por este libro. Me ha dejado confusa, inquieta y con el corazón caliente, una mezcla de sentimientos que, aunque no sé catalogar, me parecen una genialidad. Creo que sí que sé qué es lo que siento por este libro: me ha parecido una genialidad.

Luna 174 es la primera novela de Clara Duarte, una apuesta de 2019 de La Galera, con 356 páginas que se acaban haciendo cortas. Una novela que acabas con más preguntas de las que empiezas y con la determinación de volver a leerla.
La sinopsis es la siguiente:
«Luna Hatton tiene veinte años y vive en un pueblucho de Australia. Su vida parece normal, incluso aburrida: trabaja en una cafetería, toca la batería en un grupo. No es nadie importante. Aun así, Luna tiene un secreto que la persigue desde que era pequeña: es capaz de ver el color del alma de las personas. Casi todas son grises. El gris es el color que cubre el mundo, y eso para ella siempre ha sido así. Sin embargo, Luna conoce a una chica del pueblo, alguien a quien se ha sentido atada desde que tiene memoria, y ella es la única que le hace pensar que quizás existen las almas blancas: Gaia Wheeler.
A pesar de que Luna nunca ha compartido su secreto con nadie, un día recibe una oferta de una empresa que parece saberlo todo sobre ella. A simple vista, son solo unos locos dispuestos a pagarle mucho dinero por algo que ella considera intuición.
Lo que Luna todavía desconoce es la gran amenaza que se cierne sobre la Tierra y el significado del número ciento setenta y cuatro».

La historia está contada por la propia Luna en primera persona, una narración en pasado que trata de poner en orden la historia de su vida. Y Luna, hasta que el número 174 empieza a querer tomar protagonismo, tiene una vida bastante normal: el orfanato, un grupo de amigos, un trabajo... Todo es normal salvo por una excepción: es capaz de ver el alma de las personas. Luna considera que es intuición, que es una forma que tiene su mente de saber si una persona es buena, mala o, simplemente, gris.
Pero, a pesar de la normalidad, todos los aspectos de su vida orbitan alrededor a una persona: Gaia Wheeler. Ella orbita alrededor de Gaia, como la Luna alrededor de la Tierra.

Y ese planteamiento va circulando con normalidad hasta que da cuatro vueltas de campana y giros de guion y te encuentras colgada sin saber muy bien qué hacer con todo lo que ha sucedido. Aunque la genialidad no sólo está en la historia que Clara está contando, sino en cómo la cuenta: el ritmo, la tensión..., todo se acelera y empieza a golpearte al mismo tiempo que a Luna. Y eso no sería posible sin la guinda del pastel: el registro.
Es imposible meterse en la cabeza de un personaje si ese personaje no piensa como un ser humano. No puedes creerte una conversación si los personajes no hablan como lo harías tú. Y eso es lo que más me ha gustado de esta novela: que los personajes parecen personas. Los diálogos son fluidos, se interrumpen, se dejan frases a medias...; y la narración de Luna es natural y caótica.
Y, todo esto, con una prosa preciosa.

Es esa belleza y naturalidad lo que me hizo adentrarme en esta historia, y es el argumento lo que ha conseguido mantenerme obsesionada con ella, tratando de descubrir qué es lo que estaba sucediendo.
Lo que me hace querer releer de nuevo esta historia de amor de dimensiones cósmicas o, más bien, leer otra.
De la pluma de Clara Duarte, eso sí.

sábado, 23 de mayo de 2020

Momo

Esta es la otra cara del trabajo académico más importante para mí (hasta la fecha), un trabajo que, por la otra cara, tenía a Roald Dahl y a Matilda. Está siendo el trabajo más complicado y más bonito que he hecho nunca, una investigación que, aunque agotadora, me parece fascinante.

Conocido por La historia interminable, Michael Ende también es el autor de Momo. El escritor alemán creó esta grandísima obra en 1973, con la que ganó el premio Deutscher Jugendbuchpreis en 1974, un premio alemán a obras destacadas de literatura infantil. Se convirtió en una novela tan importante que, en España, la traducción de Susana Constante forma parte de Alfaguara Clásicos.
Pero, como ya os esperabais, Momo no es una obra de literatura infantil. Momo forma parte de la truculenta historia de la literatura juvenil. Pero todo eso forma parte de una investigación sin terminar de la que, si tenéis paciencia, algún día os hablaré.

No es una obra larga ni corta, sus 255 páginas son suficientes y necesarias. Con ilustraciones hechas por el propio Ende, el título completo de la historia es Momo o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres.
Como mi tomo es antiguo y carece de sinopsis más allá de esta frase, me fui a la página de la editorial en su búsqueda, pero además de tener un error, no me parece una sinopsis digna de una obra así. Por tanto, esta vez seré yo quien os cuente de qué va la obra.

Momo es la historia de una niña, una niña que se hace llamar Momo, pues nadie sabe bien de dónde ha salido. Vive en las ruinas de un viejo anfiteatro y tiene un montón de amigos gracias a su don: saber escuchar. Y es que todo aquel que le cuenta sus problemas a Momo, encuentra una solución o, al menos, el bienestar.
Pero, un día, unos seres extraños empiezan a apoderarse del tiempo de los hombres. Parecen hombres, pero no lo son: son grises como la ceniza, su misma voz lo es. Todo el que se cruza con ellos, acaba olvidando su experiencia y cae en sus redes. Pero Momo no. La niña, con su forma de vida y su habilidad, es la única que se acuerda de ellos cuando todo el mundo ha sucumbido ante su amenaza.
Y tendrá que viajar más allá del tiempo para salvar a sus amigos y devolverle el tiempo a los hombres.

Momo es una obra con una prosa preciosa. La narración es delicada y suave, llena de juegos y belleza. Es una alegoría casi poética de una civilización que ha perdido lo más importante: el tiempo y, con él, las ganas de vivir. Porque la necesidad de "ser alguien" nos hace sacrificar un tiempo muy valioso, un tiempo que, aunque logremos nuestros objetivos, nunca recuperaremos.

Es el carpe diem, la necesidad de vivir el momento. De recuperar las ganas de jugar, disfrutar y divertirnos.
De recuperar al niño que un día fuimos.

La costumbre de catalogar como literatura infantil libros protagonizados por niños hace que obras como esta pasen desapercibidas por los adultos. Pero cometemos un error: ni la literatura infantil es solo para niños, ni todas las obras protagonizadas por niños son estrictamente infantiles: el error cometido al clasificar obras como El Principito o El niño con el pijama de rayas lo demuestran.
La literatura juvenil es mucho más que obras dirigidas a jóvenes. Me faltan muchos años de investigación para dar una respuesta clara a la pregunta "¿Qué es la literatura juvenil?", pero de momento sí que puedo deciros que hay obras juveniles que están dirigidas a un público adulto. Momo es una de esas obras: un niño puede disfrutarla, un joven apreciará la belleza y un adulto aprenderá algo que no sabía que necesitaba aprender.

Pero estas son las reflexiones de alguien que está intentando sacar algo en claro de un trabajo, así que no hace falta que me toméis muy en serio. Ni siquiera yo sé muy bien lo que quería deciros, tan solo divago. Y os dejo mis divagaciones por si alguna vez tienen sentido.

Unas últimas palabras:


No olvidéis al niño que un día fuisteis, lo necesitáis para enfrentaros a vuestro yo futuro.

sábado, 16 de mayo de 2020

El Ocaso del Mundo I: Extinción

Creo que he encontrado a mi alma gemela en forma de editorial. Tienen un catálogo pequeño de momento, poco más de un año en activo, pero ya se ha ganado mi apoyo incondicional. Por las historias que publican, por el cariño de sus ediciones, por la forma de las preventas...
Ediciones Freya tiene un futuro muy interesante, y yo quiero estar ahí para verlo.

La historia que os traigo hoy es el principio de otra bilogía: El Ocaso del Mundo, de Judit Da Silva. Esta primera parte se llama Extinción, y además de encantarme y tenerme enganchada durante sus 280 páginas, me ha hecho reflexionar sobre literatura y géneros literarios. (Ya hablaré de esto más adelante en otra entrada).

Publicada en 2020 con una portada impresionante de Cecilia G. F. (@ThanatosOfNicte), la sinopsis es la siguiente:
«Atrapados por unos muros que ellos mismos construyeron, el remanente de la humanidad ya no es capaz de luchar contra quienes los apresaron: los vampiros.
A pesar de que toda esperanza parece perdida, y de que no ha conocido otro modo de vida, Hugh no está dispuesto a morir encerrado en una cárcel. Sabe que su rebeldía puede significar su fin, pero la determinación que corre por sus venas lo lleva a huir y a enfrentarse a los restos del mundo que un día perteneció a los humanos.
Mirella, una joven mordedora del nido de Cárcel, está harta de ver cómo, tras la Gran Conquista, han pasado de ser criaturas temidas e idolatradas a partes iguales, a simples monstruos movidos por un instinto demasiado primario.

¿Será cierto lo que los vampiros sugieren, que la humanidad más allá del cautiverio está extinta?».

La historia que nos trae Judit es una distopía hibridada con la fantasía, que parte del supuesto fantástico de que los vampiros existen, se han estado ocultando durante milenios y han acabado apresando a los humanos para criarlos en cautividad. Pero, tras 25 años desde la guerra, Mirella no tiene muy claro que le guste su nueva realidad, y Hugh, nacido dentro de los muros, no se cree que los humanos "salvajes" estén extintos. Y así es como ambos personajes se acaban embarcando juntos en un viaje sin destino y en una inesperada amistad.

Una de las cosas que más me han gustado de la novela son los personajes. Narrados en tercera persona, va cambiando la focalización de uno a otro para mostrar su perspectiva del mundo, sus pensamientos y sus sentimientos. La relación que se va formando entre Hugh y Mirella es muy bonita, y el cuidado que pone la autora en la descripción del mundo es muy agradecido.
Las historias tienden a relacionarse con elementos conocidos para facilitar la comprensión del lector, pero Hugh, al haber nacido en cautividad, desconoce la existencia de la mayor parte de esos elementos y necesita que alguien se los explique. Esta una de las características que más me han gustado de la novela: el cuidado y el respeto al mundo y a los personajes construidos.

La premisa de esta obra me parece muy interesante, y el desarrollo de la primera novela me ha impresionado y enganchado a partes iguales. Necesito saber cómo continúa, así que me quedaré aquí, sentadita en mi silla, intentando no morderme las uñas esperando a la segunda parte.
Deseadme suerte.

sábado, 2 de mayo de 2020

Reinos de Cristal

Pensaba que eran exageraciones, pero este libro me ha partido el corazón por cinco sitios distintos. Las esquirlas de la cubierta, directas al corazón.

Reinos de Cristal es la quinta entrega y la conclusión de la saga Marabilia, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual. Situada diez años después del final del primer libro de la saga (en concreto, el libro comienza con las palabras finales del epílogo), la novela, publicada en 2019 por Nocturna, recupera personajes y tramas de los cuatro libros anteriores. Por tanto, aunque Marabilia se componga de historias independientes, Reinos de Cristal pierde mucho sentido sin conocer las historias narradas en Sueños de Piedra (2015), Títeres de la Magia (2016), Ladrones de Libertad (2017) y Jaulas de Seda (2018).

Son 685 páginas cargadas de sentimiento las que ponen fin a esta exitosa saga. La sinopsis, que puede contener spoilers de los libros anteriores, es la siguiente:

«Bienvenida a casa, mi reina.
Con esas palabras, el rey Arthmael de Silfos recibe a su prometida, a la que ha esperado durante diez años en los que han mantenido una relación secreta.
Ahora, la noticia de su próximo enlace corre como la pólvora por Marabilia, un continente que en los últimos tiempos ha asistido a un progreso tras otro: la magia ya no es imprescindible, las piratas son princesas y las mujeres pueden reinar solas.
Pero ¿y si en un mundo que no deja de avanzar... hay un límite capaz de romperlo todo?».

No sé cómo me siento.

No me gusta hacer reseñas de conclusiones de sagas porque es muy complicado no desvelar nada importante de las tramas de los libros anteriores al intentar hablar del último libro.
Como ya he dicho, esta historia rescata personajes de todas las historias anteriores, además de incluir algunos nuevos. De esta forma, terminamos de conocer todos los reinos de Marabilia, con sus rincones secretos y sus dirigentes. Las intrigas políticas se vuelven más relevantes a medida que avanza la historia en los libros, y quizá ni nosotros ni los personajes seamos conscientes hasta este momento de lo importante que es la política en Marabilia.

No quiero hablar más, como he dicho, es complicado profundizar sin explicar nada relevante. Tan sólo diré que, a pesar del dolor, de las esquirlas de cristal en el pecho, es un buen final.
El final que, después de todo, Marabilia se merece.

Toda esta saga ha sido un viaje, un viaje de descubrimiento y de autodescubrimiento. Es increíble cómo, a través de una historia de magia y fantasía, en un continente de leyenda, puedes encontrarte a ti mismo. En personajes, en tramas, en pensamientos plasmados en el papel.
Y cómo, a través de la ficción, se puede hablar tan bien del mundo en el que vivimos: de libertad, de feminismo, de política... Esa es la magia de la literatura.

Si Iria, Selene y Marabilia no están en los libros de Literatura en unos años, seré yo quien las coloque en ellos. Promesa.